La domesticación y el sueño del planeta

– Lo que vemos y escuchamos no es más que un sueño, soñamos 24 horas al día. La función principal de nuestra mente es soñar. Al estar despierto soñamos dentro del marco lineal de realidad en el que estamos, al soñar el marco es más variable y tiende a cambiar constantemente.

La suma de los sueños individuales de cada uno conforman el sueño de una familia, un barrio, un país, y todo el planeta. De esta manera el sueño del planeta está formado por todas las creencias, religiones, leyes, culturas, gobiernos, escuelas, celebraciones, ritos, etc., de todas las sociedades que pueblan el planeta.

Aprendemos a través de nuestra atención, concentrándonos en aquellos nos interesa percibir. De esta manera nuestros adultos captaron nuestra atención para transmitirnos todas las creencias, lo que es bueno y lo que no lo es, lo bello y lo feo, lo correcto y lo incorrecto; es decir todo un sueño externo a nosotros que capta nuestra atención y si estamos de acuerdo creemos en ese sueño.

De niño creemos todo lo que dicen los adultos ya que al no tener la fortaleza suficiente, estamos de acuerdo con todo lo que nos dicen, y de esta manera somos “domesticados”. La domesticación consiste en traspasar la información del sueño externo (sueño del planeta) al sueño interno (sueño personal), lo cual crea todo nuestro sistema de creencias. De esta manera aprendemos a juzgar a otros y a nosotros mismos basándonos en ese sistema de creencias que nos indica como es todo, que es lo que está bien y lo que está mal y medimos la realidad en base a ese sistema de creencias.

Si un adulto nos decía que algo estaba bien nos sentíamos bien y cuando nos decía que estaba mal nos sentíamos mal, con el tiempo empezamos a tener miedo a ser castigados si hacíamos algo mal. En este proceso de domesticación perdimos nuestras tendencias naturales. Con el tiempo ya no necesitamos más que alguien nos domestique, nos autodomesticamos, somos nuestros propios domadores.

Nuestro sistema de creencias es como el Libro de la Ley que gobierna nuestra mente y no es cuestionable y basamos todos nuestros juicios en él. Esa ley dirige nuestro sueño. Nuestro juez interior juzga todo en base a esa ley.

Cualquier cosa que hagamos en contra del Libro de la Ley nos produce MIEDO, creamos veneno emocional.

Cualquier cosa que hagamos que vaya en contra del libro de la ley nos hace sentir inseguros.

El 95 por ciento de las creencias que hemos almacenado en nuestra mente son mentiras y sufrimos porque creemos en todas esas mentiras.

El sueño del planeta es un sueño lleno de miedo, violencia, injusticia.

 La sociedad está gobernada por el miedo.

No vemos la Verdad porque estamos ciegos por ese miedo.

Nuestra mente es una bruma que los toltecas llamaron MITOTE: un sueño en el que miles de personas hablan a la vez y nadie comprende a nadie.

Debido a ese gran Mitote nos resulta imposible ver que somos libres.

Creamos una imagen de cómo deberíamos ser para que los demás nos aceptaran, de sentirnos lo suficientemente buenos.

Como no somos perfectos, nos rechazamos a nosotros mismos y de la misma manera juzgamos a los demás.

Nuestra manera de juzgarnos es la peor que existe.

Si cometemos un error delante de los demás, intentamos negarlo y taparlo, pero tan pronto como estamos solos, el Juez se vuelve tan tenaz y el reproche es tan fuerte, que nos sentimos estúpidos, inútiles o indignos.

Nadie, en toda tu vida te ha maltratado más que tú mismo.

Si te castigas en forma exagerada, es posible que llegues a tolerar a alguien que te agreda físicamente, te humille y te trate como si fueras basura, piensas que te lo mereces y que no eres digno de amor ni de respeto.

Nuestra imagen de perfección es la razón por la cual nos rechazamos y no nos aceptamos tal como somos ni aceptamos a los otros tal como son.

El preludio de un nuevo sueño

Hemos establecido miles de acuerdos con nosotros mismos, con otras personas, con Dios, con la sociedad, etc.

Los acuerdos más importantes son los que hacemos con nosotros mismos.

Tenemos muchos acuerdos que nos hacen sufrir y nos hacen fracasar.

Es necesario romper con esos acuerdos que nos hacen mal pues se basan en el miedo y reemplazarlos por acuerdos que surjan del amor.

Los acuerdos que surgen del miedo nos quitan energía, mientras los que surgen el amor conservan nuestra energía.

Gastamos mucha energía en mantener los acuerdos que hemos hecho y eso nos genera impotencia.

Los cuatro acuerdos que siguen nos ayudan a romper con esos acuerdos basados en el miedo que consumen nuestra energía y nos hacen vivir en el Infierno.

 

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