9a carta a Montse (El valor o crédito personal)

Enlace a la  8a carta a Montse (Los Mitos de la Navidad)

Querida Montse,

Espero que las fiestas de Navidad hayan ido bien para ti y toda tu familia, que hayan sido lo más abundantes posible.

Que la abundancia se haya traducido en muchos regalos, salud, felicidad y muchas otras cosas buenas que te sirvan para evolucionar en tu día a día.

Yo he tenido a la familia en casa por Navidad y Año Nuevo. Por la fiesta de Reyes nos iremos a casa de mi hija para celebrarlo con la familia de mi yerno.

La verdad, este año me lo he tomado con calma. No sé si será porque he llevado un trabajo iniciático muy intenso que me ha hecho ver las cosas de otra manera, sin juicios y sin tomármelo cómo una obligación. El caso es que han sido las primeras fiestas desde que yo puedo recordar que me he permitido vivirlas cómo yo he sentido, siendo consciente y coherente con mi ser interior.

Tal y cómo te estuve comentando en mi última carta, he visto la Navidad desde el punto de vista de recogimiento, reflexión y desde mi propio valor o crédito personal. Me he dado cuenta que los mitos solo son mitos, y que cada cual debería integrarlos o no, dependiendo de su grado de aceptación y de su sentir más íntimo. Nunca desde lo que uno pueda sentirse obligado o arrastrado por lo externo para seguir con una tradición que, al final, ya no sabemos por qué la estamos siguiendo.

Soy consciente que seguir con este precepto es muy difícil cuando tienes en la familia gente menuda, y no tan menuda, que esperan de ti todo lo que cabe esperar de unas fiestas así. Regalos, banquetes y opulencia. Muchas veces sin sentido, solo porque es lo normal en estas fechas. Hay que hacer acopio de mucho valor personal para frenar todo esto y transmitir el espíritu de la Navidad tal y cómo debería de ser.

Porque si una cosa causa mucho agotamiento aparte de cocinar más que nunca, son los regalos. Aunque se hacen para alegrar a los demás, no conozco algo que produzca algunas veces más malestar que hacer regalos. A menudo crea una sensación de deuda terrible tanto para quien los hace como para quien los recibe. Vaya paradoja,  ¿verdad?

Si se hace un regalo esporádico a un ser querido, no es tarea fácil acertar en el presente perfecto para esta persona. Aun así, hay muchas probabilidades de que el regalo llegue a gustar. Pero cuando los regalos son reiterativos por las fiestas, porque es lo que toca hacer, sin contar los  que se dan por aniversarios y onomásticas, llega un momento que una ya no se sabe que regalar, todos tenemos de todo y ya casi nada nos produce ninguna ilusión. La ilusión inicial, si la hay, suele durar bien poco.

Es en este momento cuando entra nuestra moral. Regalamos para cubrir la papeleta. Yo te suelto el regalo y si no te gusta, es tu problema, vas y lo cambias con el “tique regalo”. Es para mí una forma de dar por sentado que el regalo no te va a satisfacer del todo y me quiero librar de la culpa generada por ello con el papelito de cambio de la tienda. Cuando esto ocurre, la persona que recibe el obsequio se puede pensar que el regalo se ha hecho improvisadamente y por compromiso. Luego, puede ser que pasen dos cosas: que vaya a cambiarlo, que a menudo no es fácil que ocurra  porque no hay nada más incómodo que desplazarse hasta la tienda y hacer el papelón de tener que buscar algo del mismo importe, o bien lo meta en un armario y al cabo de un tiempo lo ponga a la venta o en intercambio por internet.

Ahí está lo que yo llamo tener poco crédito personal. Los regalos porque sí crean una deuda terrible, tanto para el que lo recibe porque puede pensar: “vaya trasto inútil, a ver dónde lo meto o que hago con él” cómo para el que lo ofrece: “No le ha gustado, que pena, ¡vaya papeleta!”

Es mucho más coherente a los adultos hacer otro tipo de regalos: ofrecernos para ayudar en algún trabajo arduo, invitarlos a una comida, cena o merienda en algún lugar que guste a las dos partes, organizarles una salida gratis al lugar que ellos elijan de una lista que les habrás dado o sencillamente estar en su compañía si están pasando un mal momento y escucharles, ofreciéndonos para lo que ellos necesiten. Hay muchísimos ejemplos cómo estos para todas las personas que nos rodean y que conocemos lo suficientemente bien cómo para saber qué tipo de presente les puede llegar al corazón.

Estos regalos son los que unen los lazos de amistad y amor. Son evolutivos en las relaciones porque las refuerzan y reconducen a una mayor solidez. Y lo que es más importante, desprenden cariño, voluntad y valor personal. Y quien los recibe los percibe cómo algo sincero, lo cual estimula su propio crédito personal sintiéndose cómo alguien especial y apreciado de verdad, no por compromiso.

En el caso de los niños, es diferente. Ellos valoran los juguetes y objetos más materiales y divertidos porque viven aún en el mundo del juego constante. Son seres con niveles de conciencia que todavía están entre la realidad y la ilusión y para ellos todo es posible, por tanto hay que fomentar el juguete coherente. Imaginativo y sin sofisticaciones. Mejor no entrar en este tema ahora porque es muy largo.

Esto no quiere decir que hayan unos reglaos mejores que otros, sino que todo depende del punto de vista que les queramos dar y nuestro grado de implicación en ellos junto con la energía que le pongamos al tema. El receptor percibe la vibración.

En esta carta solo te he puesto el ejemplo del crédito personal a través de los regalos, pero el tema se puede trasladar a todas las áreas de nuestra existencia. En nuestra vida somos un continuo dar y recibir y si no se trabaja bien se pueden crear deudas que, aunque no las queramos reconocer, quedan en nuestro subconsciente y suelen jugarnos alguna mala pasada en el futuro, creando más de una vez actitudes en nosotros que nos dejan confusos y nos hacen sentir mal mermando nuestro valor personal.

Espero no haberte aburrido con estas palabras. Están redactadas con mucho amor y cariño. Considéralas cómo un regalo de mi parte, para ti en estas fiestas. Estoy segura sabrás valorar todo lo expuesto, me lo dice mi propio crédito personal, percibiendo la vibración directamente del tuyo.

Un abrazo muy fuerte,
Sàndal
 Continúa… 10a carta a Montse “El Ego”

 

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