Bienaventurados aquellos que sienten demasiado - Zoe Quiney

“Las mejores y más bellas cosas en el mundo no pueden ser vistas o incluso tocadas. Deben ser sentidas con el corazón.” ~ Helen Keller

Me he percatado de un anhelo en mis huesos por lugares en los que nunca he estado y por personas que jamás he conocido.

Me he enamorado de extraños, en el milisegundo en el que nuestros ojos se topan, mientras nos cruzamos en el camino. He sentido mi corazón romperse en millones de diminutos fragmentos, lanzados hasta el cielo, esparcidos por el viento a través de las palabras que nunca dije, y los he vuelto a coser una y otra vez.

He dejado que la pasión me ponga de rodillas, que su hambriento fuego consuma y destroce los bosques de mi corazón. He mirado profundamente el abismo de mi propio vacío, y lo he llenado de vino y notas garabateadas, escritas con la tinta de mi alma.

He dejado que océanos corran por mis mejillas, lavándome y sanándome con su cálida y salada oleada de liberación. He sido iluminada con una iridiscencia que ha brillado desde cada uno de sus poros, y he descubierto los oscuros y sagrados rincones de mí misma, inundados con viejos miedos y heridas, como huesos polvorientos.

He bailado toda la noche con mis sombras, le he prendido fuego al mundo con la determinación de mi espíritu. He sentido el sufrimiento colectivo de cada ser que ha llegado a vivir, y he conocido la paz silenciosa que mora en la quietud de los antiguos bosques.

He acogido al mundo en mi pecho y he llorado por él; lo he amado, he reído con él, y me he sentido perdida en medio de él, todo al mismo tiempo.

He sentido la ardiente punzada del rechazo al no haber sido vista ni escuchada, y he respondido expandiendo mi corazón para abrazar al universo y a todas las estrellas. He conocido una infinita libertad, más allá del miedo, y he luchado a muerte contra los lobos de la duda acerca de mí misma.

He respirado en el mundo y en toda su mágica inocencia, con delicada ternura. He nadado en mares de amor, tan profunda y salvajemente que he estado a punto de ahogarme.

Siento todo. Todo el tiempo. No pasa un sólo día sin que mi corazón se expanda a su máxima capacidad por una razón u otra.

Suena agotador, y puede que lo sea, pero eso es lo único que he conocido. Para mí, sentir es la más real de mis experiencias porque se trata de la expresión física de estar viva. Latir incesantemente a través de cada estímulo, vibrar en tan diversas frecuencias, es experimentar la prueba de nuestra propia existencia.

Creo que la vida se mide por nuestra capacidad de sentir; cuanto más profundos y crudos los sentimientos, más auténticamente estamos viviendo.

Las lágrimas fluirán y los corazones se romperán; la tristeza nos inundará y nuestros estómagos se anudarán; nuestras rabias arderán y la pasión nos sobrepasará. Así es como estamos construidos; quizás ésta es la forma en que nuestros cuerpos nos recuerdan que estamos vivos.

Si Walt Whitman contiene multitudes, entonces yo contengo galaxias infinitas; supernovas y nebulosas; estrellas moribundas y agujeros negros. Yo contengo las vidas de todos mis antepasados; estoy hecha de cada persona que he conocido y amado por millones de años desde que los corazones humanos comenzaron a existir.

Mi mente es un gran océano; estados de ánimos se elevan y se encogen, como mareas que bailan con el ciclo de la luna. Mi corazón es una guía misteriosa – oscura, estruendosa y plena.

A veces lloro cuando veo a alguien en la calle con tristeza en sus ojos. A veces me dan ganas de abrazar a cada persona que alguna vez ha sentido lo mismo que yo, y regalarle un pedacito de mí, para que pueda sentirse un poquito menos sola.

La vida es desafiante, pero a la vez hermosa.

Bienaventurados aquellos que han conocido el amor y han conquistado el miedo en igual medida; quienes han ofrecido una parte de su alma al mundo y han aceptado y rechazado simultáneamente. O aquellos que se han postrado a los pies de sus propios sueños y han temblado ante la diáfana visión de éstos.

Los sentimientos contienen lecciones. Aprendemos a descifrar cada uno conforme surge en las diferentes partes del cuerpo; distinguiendo el mordaz pinchazo en las tripas, del espasmo anhelante del corazón; y los vertiginosos destellos de la mente, del suave y constante llamado de nuestra alma.

Los sentimientos pueden ser nuestra más confiable guía, si tan sólo los dejamos ser. Nos susurran para que los sigamos; nos pueden llevar por mal camino si los malinterpretamos, pero si aprendemos a traducirlos, nos llevarán hasta el llamado de nuestro corazón.

Si los ponemos en duda, nos podrían engañar, sin embargo, tienen el poder de ayudarnos a encontrar nuestras pasiones y llevarnos hasta nuestro propósito. Los sentimientos nos abren a nuestra oscuridad y a nuestra luz; nos exponen y nos hacen temblar, nos destruyen y nos construyen, pero definitivamente nos liberan.

Cuando cerramos nuestros corazones, nos negamos a nosotros mismos la oportunidad de experimentar la vida en toda su desconcertante gloria; detenemos nuestra evolución pretendiendo que somos pequeños y que nada nos importa. Cuando, en realidad, sí que nos importa. Nos importa demasiado, pero tenemos tanto miedo de admitirlo.

“No busco ni santidad ni pureza; ésas cosas se encuentran después de esta vida, no en esta. Pero en esta vida, busco ser completamente humano: sentir, dar, tomar, reír, perderme, encontrarme, bailar, amar, anhelar, ser sumamente humano.” ~C. Joybell C.

Cuando nos resistimos a nuestras propias profundidades, dejamos que nuestra fuerza vital se marchite y muera dentro de nosotros; nuestra creatividad sufre, nuestras relaciones sufren, languidecemos.

Al abrir completamente nuestros corazones y al escuchar su verdad, nos liberamos a nosotros mismos. Nuestros cuerpos son nuestra mejor guía; nos muestran cosas que no sabíamos acerca de nosotros mismos y acerca de los demás. Expresan importantes mensajes en formas que jamás podríamos articular con palabras.

La verdad que sientes en tus entrañas en forma de intuición es el mensajero más poderoso que jamás conocerás.

Sentir profundamente y tan a menudo, significa que te vas conociendo a ti mismo de dentro hacia fuera. ¿Qué tan bien nos conocemos a nosotros mismos, realmente? ¿Cuánto, de verdad, nos amamos a nosotros mismos?

Los sentimientos son lo que hace que valga la pena vivir: lo que nos inspira a seguir buscando, a seguir adelante y a seguir creando. Lo que nos impulsa a seguir amando, incluso cuando lo hemos perdido absolutamente todo. Los sentimientos decoran nuestras almas y dan nacimiento a nuestros sueños.

Los sentimientos se funden con las sencillas maravillas de la naturaleza, y con el poder, y con el consuelo de encontrar conexiones armoniosas.

Estos sentimientos son de lo que estamos hechos, debajo de esta piel y hueso; estos sentimientos fueron creados en primer lugar dentro de las estrellas y se nos pasaron a nosotros a través de las líneas de sangre de los antiguos sabios. Ellos nos conectan los unos con los otros mediante los hilos invisibles de nuestras experiencias compartidas.

Cuando nos permitimos sentir sin arrepentimiento alguno y compartimos la experiencia, permitimos que los demás tengan el coraje de sumergirse en sus sentimientos en una forma más auténtica y que se expresen sin vergüenza.

Los sentimientos profundos son un regalo; tienen la capacidad de transformarnos si seguimos su sabiduría. Permítete sentir desde la médula de tus huesos, con tu corazón, y déjate conmover.

Los sentimientos que sentimos tan a menudo, son nuestra conexión con lo divino, y en última instancia, con nosotros mismos. Deja que te bañen con sus olas; deja que te sanen. Deja que te quiebren y te restituyan.

Deja que te muestren quién eres y luego, permíteles dejarte en libertad.

(Traducido por Tarsila Murguía desdehttp://www.rebellesociety.com/2015/06/17/blessed-are-those-who-feel-too-much/)
https://interser.ning.com/expansion/bienaventurados-aquellos-que-sienten-demasiado-zoe-quiney

 

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