Cómo no engancharse a una cadena de dolor

Salomón es un búho que está en un bosque en el pueblo de Sara y los textos que iré
extrayendo de “El libro de Sara” son conversaciones que ellos dos tienen, reflexiones que nos
pueden ayudar a encontrar más Paz y Armonía en nuestras vidas.

– ¿Por qué todas las personas son tan malas, Salomón? -preguntó Sara con tristeza.

¿Todas las personas son malas, Sara? No me había dado cuenta.

– Bueno, no todas, pero muchas sí. No lo entiendo. Cuando me comporto mal, me siento fatal.

¿Entonces por qué lo haces, Sara?

– Generalmente porque alguien se ha portado mal conmigo. Supongo que lo hago para  vengarme.

¿Y eso te sirve de algo?

– Sí -respondió Sara a la defensiva.

¿En qué sentido, Sara? ¿El hecho de vengarte de alguien hace que te sientas mejor? ¿Acaso cambia la situación, o elimina el daño causado?

– No, supongo que no.

En realidad, Sara, con eso sólo se consigue añadir más maldad al mundo. Es como unirse a la cadena de dolor de esas personas. Se sienten heridas, luego te sientes herida tú y contribuyes a que otra persona se sienta herida, y así sucesivamente.

Profundamente afligida, Sara habló a Salomón sobre el nuevo alumno, Donald, y lo que le había ocurrido en su primer día de clase. Le habló de los bravucones que nunca se cansaban de meterse con Donald. Contó a Salomón el preocupante episodio que había ocurrido en el pasillo de la escuela. Y mientras revivía esos incidentes, describiéndoselos a Salomón, Sara sintió que la embargaba de nuevo una mezcla de dolor y rabia. Una lágrima le rodó por la mejilla, que se enjugó rápidamente con el dorso de la mano, irritada de que en lugar de mantener una agradable charla con Salomón, como solía hacer, estuviera gimoteando y balbuciendo. Ésta no era forma de comportarse con Salomón.

Salomón guardó silencio durante unos momentos mientras en la cabeza de Sara bullían unos pensamientos dispersos e inconexos. Notó que Salomón la observaba con sus grandes y amables ojos, pero no se sintió turbada. Era como si Salomón la indujera a desahogarse.

Al menos sé lo que no quiero, pensó Sara. No quiero sentirme así. Y menos cuando hablo con Salomón.

Esto está muy bien, Sara. Acabas de dar, conscientemente, el primer paso para poner fin a esa cadena de dolor. Has reconocido conscientemente lo que no deseas.

– ¿Y eso es bueno? -inquirió Sara-o A mí no me lo parece.

Porque sólo has dado el primer paso, Sara. Tienes que dar tres más.

– ¿Cuál es el siguiente paso, Salomón?

No es difícil comprender lo que uno no desea. ¿Estás de acuerdo con eso, Sara?

– Sí. Es decir, en la mayoría de los casos lo sé.

¿Cómo sabes qué piensas sobre lo que no deseas?

– No sé, lo noto.

Lo sabes por la forma en que te sientes, Sara. Cuando Piensas, o hablas, sobre lo que no deseas, siempre sientes una emoción negativa. Sientes ira, decepción, vergüenza, remordimientos o temor. Cuando Piensas en lo que no deseas siempre te sientes mal.

Sara reflexionó sobre los últimos días, durante los cuales había experimentado una mayor carga de emociones negativas que de costumbre.

– Tienes razón, Salomón -contestó-. Esta semana, al ver cómo esos chicos se metían con el pobre Donald, he sentido más emociones negativas. Estaba muy contenta de haberte conocido, Salomón, pero luego me puse furiosa al ver cómo se burlaban de Donald. Ahora comprendo que la forma en que me siento tiene que ver con lo que pienso.

Muy bien, Sara. Ahora hablemos del segundo paso. Cada vez que te das cuenta de lo que no deseas, ¿te resulta fácil comprender lo que sí deseas?

– Bueno… -Sara se detuvo, tratando de descifrarlo, pero no lo tenía claro.

Cuando te sientes mal, ¿qué es lo que deseas?

– Sentirme bien -respondió Sara sin titubeos.

Cuando no tienes suficiente dinero para comprarte algo que te apetece, ¿qué deseas?

– Tener más dinero -contestó Sara.

Éste es el segundo paso para romper la cadena de dolor. El primer paso consiste en reconocer lo que no deseas. El segundo, comprender lo que sí deseas.

– Es muy fácil -comentó Sara, que empezaba a sentirse más animada.

El tercer paso es el más importante, Sara, aunque la mayoría de las personas lo omiten. Consiste en lo siguiente: después de haber identificado lo que deseas, tienes que sentir/o como si fuera real. Tienes que hablar sobre por qué lo deseas, describir cómo te sentirías si lo consiguieras, explicarlo, fingir que lo has conseguido o recordar alguna ocasión parecida… Seguir pensando en ello hasta hallar un punto donde lo sientas.

Seguir hablando contigo misma sobre lo que deseas hasta que te sientas bien.

Al escuchar a Salomón animándola a dedicar tiempo a imaginar cosas, Sara no daba crédito a sus oídos. Más de una vez había tenido serios problemas por ese motivo.

Salomón le decía justamente lo contrario de lo que le decían sus maestros en la escuela.

Pero Sara confiaba en Salomón y estaba más que dispuesta a probar un nuevo sistema, ya que el de los otros era evidente que no funcionaba.

– ¿Por qué el tercer paso es el más importante, Salomón?

Porque hasta que no cambies de talante, no habrá cambiado nada. Seguirás formando parte de la cadena de dolor. Pero cuando cambies de talante, pasarás a formar parte de una cadena muy distinta. Te habrás unido a la cadena de Salomón, por así decir.

– ¿Cómo llamas a tu cadena, Salomón?

No la llamo de ninguna manera. Se trata de sentirla.

Pero tú puedes llamarla la cadena de la alegría, o la cadena del bienestar. La cadena de sentirse bien. Es la cadena natural. Es nuestra auténtica naturaleza.

– Si es tan natural, si es nuestra auténtica naturaleza, ¿por qué la mayoría de nosotros casi nunca nos sentimos bien?

Las personas desean sentirse bien, y la mayoría de las personas desean, sinceramente, ser buenas. Y eso representa una parte importante del problema.

¿A qué te refieres? ¿Cómo es posible que el hecho de querer ser bueno represente un problema?

Verás, Sara, las personas desean ser buenas, de modo que miran a su alrededor, para ver cómo viven los demás, para comprender en qué consiste la bondad. Observan las circunstancias que les rodean, ven cosas que les parecen buenas y otras que les parecen malas.

– ¿Y eso es malo? No veo qué tiene de malo.

He comprobado que, por lo general, mientras las personas observan las circunstancias que les rodean, buenas y malas, no reparan en cómo se sienten. Y ahí está el fallo. En lugar de reparar en cómo les afecta lo que ven, en su búsqueda de la bondad, se empeñan en buscar lo malo y eliminarlo. El problema, Sara, es que mientras se esfuerzan en eliminar lo malo, forman parte de la cadena de dolor. A las personas les preocupa más observar, analizar y comparar las circunstancias que reparar en cómo se sienten. Con frecuencia son las circunstancias las que las arrastran a la cadena de dolor.

…………

Exactamente, Sara. Observabas las circunstancias, pero las circunstancias que elegiste observar te llevaron a formar parte de la cadena de dolor.

– Pero Salomón -protestó Sara-, ¿cómo puedo evitar ver algo malo y no sentirme mal al vedo?

Es una excelente pregunta, Sara, y te prometo que a su debido tiempo la responderé. Sé que no es fácil comprender de golpe todo esto. El motivo de que te cueste comprenderlo se debe, en primer lugar, a que las personas estáis acostumbradas a observar las circunstancias, pero no a prestar atención a vuestros sentimientos mientras las observáis, de modo que las circunstancias controlan vuestras vidas. Si observáis algo bueno, reaccionáis sintiéndoos bien, y si observáis algo malo, reaccionáis sintiéndoos mal. Cuando las circunstancias controlan vuestras vidas, la mayoría de vosotros os sentís frustrados, lo cual hace que muchas personas sigan formando parte de la cadena de dolor.

– ¿Cómo puedo evitar caer en la cadena de dolor, para ayudar a otra persona a salir si cae en ella?

Hay muchas formas de conseguir/o, Sara. Pero mi sistema favorito, el que funciona más rápido para todos, consiste en cultivar pensamientos de aprecio.

– ¿Aprecio?

Sí, Sara, concentrarse en algo, o alguien, y cultivar unos pensamientos que te hagan sentirte maravillosamente. Apreciar tanto como puedas esas personas u objetos.

Es la mejor forma de unirse a la cadena de la alegría.

Recuerda, ¿el primer paso consiste en?

– Saber lo que no quiero -contestó Sara, orgullosa de haber dado en el clavo.

¿Y el segundo paso?

– En saber lo que quiero.

Sara y la amistad eterna…

Muy bien, Sara. ¿El tercer paso consiste en…?

– Ay, Salomón, lo he olvidado -se lamentó Sara, furiosa consigo misma por ser tan desmemoriada.

El tercer paso consiste en hallar ese punto en el que sientes lo que deseas.

Hablar sobre lo que deseas hasta que sientas que lo has obtenido.

– No me has dicho en qué consiste el cuarto paso, Salomón -le recordó Sara muy excitada.

El cuarto paso es el mejor de todos. Sara. Consiste en conseguir lo que deseas.

El cuarto paso es la manifestación física de tu deseo.

Diviértete con esto, Sara. No te esfuerces demasiado en recordar todo lo que te he explicado. Practica el aprecio. Ésa es la clave. Ahora más vale que te vayas. Mañana seguiremos charlando del tema.

Aprecio, pensó Sara. Trataré de pensar en lo que aprecio.

¡Empieza por algo sencillo!, le recomendó Salomón al tiempo que alzaba el vuelo.

– Muy bien -respondió Sara riendo-.Te quiero, Salomón, pensó.

Yo también te quiero, Sara.

La niña oyó la voz de Salomón con toda claridad, aunque éste se había alejado volando y no le veía.

Texto sacado de “El libro de Sara” de Esther y Jerry Hicks

 

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