7a carta a Montse (La Resilencia)

Enlace a la 6a carta a Montse (Empatía y asertividad)

Apreciada Montse:

En mi carta anterior te estuve hablando de empatía y asertividad.

En esta de hoy, quiero profundizar un poco más y te hablaré sobre la resiliencia. 

Además, hacerlo me viene de perlas por el comentario que me haces en tu carta sobre lo que debe costar volver a sonreír después de haber sobrevivido a una catástrofe y haber perdido a tus seres más queridos, tu estatus, tu hogar o aquello con lo cual estabas firmemente enraizada. Un ejemplo a lo que te digo podría ser un atentado, una guerra, una situación extremadamente anómala que nos hace perder el norte cómo podría ser una pérdida de un ser muy querido o de nuestro sustento vital.

Cuando nos ocurre una desgracia de este tipo se pasa por un proceso muy doloroso que va desde salir del estado de choque inicial y el duelo por lo perdido,  atravesando una dura etapa de aceptación de la nueva situación hasta su adaptación  Dicho proceso suele ser de una duración muy diversa dependiendo de cada persona y de cómo lo vive.

Aquí es cuando entra la resiliencia, la cual se definiría como la capacidad de salir adelante de una situación muy anómala, sabiendo adaptarse y acabar fortalecidos de la misma.

Yo no puedo hablar por mí, puesto que gracias a Dios  no he pasado por situaciones en mi vida que hayan sido lo suficientemente terribles como para poner a prueba mi propio nivel de resiliencia, pero sí que he vivido momentos en que he tenido un atisbo de lo que estoy hablando. Sobre todo en situaciones de mi vida en las que he tenido que afrontar un proceso difícil, aunque no crítico.

No sabría decirte cuan resiliente soy. Me gusta pensar que bastante.

A estas alturas de mi vida, puedo decir que me veo muy capaz de lidiar con problemas, más o menos serios, sin que me tiemble el pulso y con una determinación optimista hacia mi propio proyecto o búsqueda de una salida. De momento no he tenido que experimentar la resiliencia in extremis. Me siento muy afortunada.

Quizá sea porque tengo una existencia en la que no pongo expectativas en mis posibles logros. Creo firmemente que todo está por conseguirse y lo tenemos ahí, justo a nuestro alcance. Si dejamos que las cosas ocurran, poniendo de nuestra parte pero sin obsesionarnos ni ir en búsqueda de la “zanahoria” todo lo que uno se propone tarde o temprano se puede dar.

 Y si no se da, es porque no estamos preparados para recibirlo.  Y aquí le pondría punto y final.

No sé si esto tiene que ver mucho con la resiliencia, yo lo veo todo cómo un conjunto. Una forma de vivir la vida con entusiasmo, haciendo gala de una gran empatía y aceptación de diferentes situaciones a pesar de que no sean afines a nosotros y no compartirlos.

He leído historias reales de personas que han sobrevivido a momentos muy duros y que gracias a la resiliencia han podido evolucionar en su nuevo estatus adaptándose y sacando un provecho y aprendizaje de todo lo que les ha pasado, dando una nueva función a su pérdida o  nueva situación. “Una de estas historias (no recuerdo dónde lo leí pero que me marcó mucho) era sobre una mujer que estuvo en un campo de concentración nazi de Polonia y a pesar de la crueldad y de lo terrible que era la situación, siempre tenía una sonrisa en sus labios y se mostraba contenta hacia los demás. Se alegraba de sobrevivir cada día y con su actitud, hacia la vida un poco más llevadera a las demás personas que estaban a su alrededor. Sobre todo a los niños a los que les hacía reír y soñar con los cuentos fantásticos que se inventaba y les contaba, dándoles razones para vivir el día sin pensar en lo podía ocurrir el día siguiente. Durante su estancia en el campo hizo numerosos regalos de pequeñas cosas de las que ella podía prescindir, repartiendo con los demás lo poco que tenía. Celebraba estar viva cada mañana y este optimismo se transmitía al resto.  Supo sobrecogerse a la pérdida de sus seres queridos y a las compañeras, madres y niños que no pudieron sobrevivir al exterminio. Si no recuerdo mal, no llegó a salir con vida del campo, puesto que la muerte le llegó pocos días antes de la liberación. Los que pudieron estar con ella hasta el final explicaron que murió de enfermedad.

Esto es un ejemplo extremo de una gran resiliencia. Esta mujer vivió sus últimos meses adaptada al medio hostil, transformando la tristeza en la ilusión de superar el día a día y dándole una función: la satisfacción de estar viva para poder transmitir optimismo y esperanza a los demás para hacerles la vida allí más llevadera. Y todo ello porque no puso expectativas en un futuro que no estaba nada claro. Sabía que había pocas posibilidades de sobrevivir a la situación, por eso celebraba con alegría cada día que veía salir el sol.

En fin, no quiero extenderme más. Me ha parecido que este tema era interesante y me ha servido un poco para darnos cuenta (me incluyo) de que siempre andamos quejándonos de todo en lugar de tomar las riendas de nuestra vida y salir de las situaciones con optimismo, por nosotros mismos y sin culpar a lo externo. La vida nos da abundancia, aunque a menudo no nos guste la forma en la que nos la ofrece. Pero una cosa es segura y es que el universo pone a nuestro alcance todo lo que necesitamos, lo bueno y también lo no tan bueno. Es nuestro deber ver flores debajo de las piedras y  aceptar el camino abrupto y tortuoso con optimismo y determinación. Como una enseñanza.

Y si lo hacemos también con una sonrisa, será cómo poner la guinda al pastel.

A fin de cuentas encontrar lo bueno o lo malo no es más que dos polos de una misma cosa, una apreciación nuestra que depende de nuestro estado de ánimo. Todo está bien si lo vemos con optimismo y resiliencia.

¡Ah! Y no olvides que no hay nada más contagioso que sonreír en cualquier situación. Pruébalo y te darás cuenta de cómo cambia la energía que se mueve alrededor y la tuya también.

Un abrazo de tu amiga,
Sàndal
Continúa… 8a carta a Montse (Los Mitos de la Navidad)

 

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