8a carta a Montse (Los Mitos de la Navidad)

Enlace a la 7a carta a Montse (La Resilencia)

Que tal, Montse ¿Cómo estás?

Supongo que, como mucha gente, debes estar muy atareada estos días previos a las fiestas de Navidad. Entre tener invitados en casa, preparar comidas más opulentas de lo habitual, los regalos y decorar nuestro hogar para celebrar las fiestas, es natural que acabemos estresados y con ganas que se acaben de una vez nada más empezar.

Son unas fiestas en las que solemos hacer muchas compras, sobre todo regalos para nuestros seres más queridos. Para todos, mayores y niños. Sobre todo si compartes con ellos las comidas  del día de Navidad, o de Reyes.

El árbol o el pesebre preciosos, llenos de luces, bolas de colores, guirnaldas y mucho cariño. Nos ha costado un montón de horas de montar y adornar para que amanezcan en estos días llenos de regalos, gracias a Santa Claus, Papá Noel o los Reyes de Oriente.

En Catalunya además tenemos la tradición del  “Cagatió”, un tronco de árbol con “barretina” y una mantita para que no tenga frío y que, figuradamente, caga regalos si lo cebas con comida y golosinas durante el día antes de Navidad y luego si le pegas fuerte con un bastón y le cantas  villancicos en Nochebuena.

Hay familias que lo celebran todo, porque entre sus miembros hay diferentes maneras de entender el mito de las fiestas y se ven envueltos en una miscelánea de tradiciones y mitos que piensan que lo mejor, aunque más caro, es celebrarlo todo y contentar a todos los componentes familiares, especialmente a los niños. Hay otras familias que solo celebra Navidad, otras que solo los Reyes Magos, y otras que no celebran nada porque no entrar en esta creencia porque son de religiones que no comparten la Navidad o porque han tenido alguna pérdida durante el año. También los hay que no lo celebran porque ven en todo ello una gran manipulación para fomentar el consumismo, algo tan poco carismático como es la economía comercial que impulsa a comprar y a hacer cosas para tapar necesidades no necesarias.

¿Se viven las fiestas como cada uno las siente?  Yo creo que no.

Una servidora fue educada a través la doctrina cristiana y católica. Recuerdo que de pequeña me encantaba la Navidad por el hecho que había nacido el niño Jesús, por el pesebre, por las bolitas brillantes de colores que poníamos alrededor, por los villancicos y por el frío, por la nieve, porque venían a visitarnos nuestros familiares, por estar juntos  en la mesa, porque la casa olía a asado, por el turrón de los postres y porque nos gustaba recitar poesías navideñas delante de la familia.

No poníamos el árbol, puesto que no entraba en nuestro sentir. En casa vinieron siempre los Reyes con regalos y siempre con un poco de carbón de azúcar, para que me removiera un poquitín la conciencia e hiciera autocrítica de cómo me había portado durante el año.

Soy consciente que no todo el mundo vive o ha vivido las fiestas navideñas de este modo. Todo es según el mito que uno integra en su existencia. Cada año que pasa veo más claro que mucha gente se complica mucho la vida con todo lo que cree  que le “toca” hacer.

Sí. Rotundamente. Porque tiene la percepción y cree profundamente que es una obligación, una necesidad de contentar a toda la familia, unos por Navidad, otros por Reyes y por ello se montan un tinglado de padre y señor mío. Se monta el árbol y el pesebre, se hace cagar al tió, se dan regalos por Nochebuena, se hace venir a Santa Claus,  por la noche de Reyes a sus majestades también. Se come en familia en Nochebuena, por Navidad, por Sant Esteve (en Catalunya es tradición), en Nochevieja, en Año Nuevo y en Reyes. Una locura, de trabajo, estrés, cocinar y comprar, comprar y gastar.

Deberíamos ser más coherentes con nuestro sentir. Inculcar a nuestros hijos que los valores son mucho más importantes que las tradiciones y regalos. Hacer por hacer, no tiene sentido. El mimetismo no nos lleva a un crecimiento creativo, sino a una constante necesidad de aparentar hacia el externo lo que no somos y que nos hace sentir la obligación de seguir la corriente solo por el “qué dirán” y dejarnos llevar manipulados hacia un consumismo desaforado que, aparte de hacer gastar nuestra economía, nos desgasta física y mentalmente.

Está bien creer o aceptar los mitos que son afines a nosotros, siempre y cuando los sintamos, los integremos y los disfrutemos. Nunca debemos dejarnos esclavizar por ellos, sentir que son necesarios para poder relacionarnos con los demás. Esto crea deuda moral y de ella te hablaré en otra carta.

Que disfrutes de tu Navidad, de tu momento y de tu vida, pero que sea a tu manera. Que estos días sean para ti de alegría, pero también de recogimiento. No de la forma que te dice el mundo externo que los debes disfrutar, sino tal y cómo tú quieras sentirlo desde tu Ser más libre y puro.

No temas por lo que diga el externo, si tú eres coherente contigo misma, el externo se alinea sinérgicamente con tu proceder adaptándose a ti.

Si entiendes lo dicho en esta carta y lo pones en práctica verás estas fiestas con otro punto de vista más afín a lo que eres y eso te hará más feliz.  Te sentirás libre de un gran peso que, aunque no te lo parezca, no es tuyo.

Un beso muy fuerte,
Sàndal
Continúa… 9a carta a Montse (El valor o crédito personal)

 

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