10a carta a Montse “El Ego”

Enlace a la 9a carta a Montse (El valor o crédito personal) 

Hola Montse,

Estoy impresionada por lo que me dices en tu carta a cerca de cómo has podido vencer el miedo a los lugares públicos muy concurridos.

Como habrás podido observar, el miedo solo es una ilusión que nuestra mente ha creado cómo protección para ponernos a salvo. El problema surge cuando este miedo es irracional, sin motivo aparente. Es cómo un aviso de nuestro yo o Ego de que existe un peligro del cual uno tiene que evitar o defenderse antes de que se produzca, dejando de lado si es que lo hay en realidad o no.

Supongo que se trata de un estímulo de nuestra mente emitido desde el cerebro donde se almacena la memoria reptiliana, la cual nos ha llegado a través de la herencia desde los tiempos en que la humanidad vivía a base de lucha por todo: la comida, el territorio, la familia etc.

Pero a veces nuestro Ego nos pone barreras a cosas mucho más elaboradas, no tan primigenias cómo son las del instinto de supervivencia.

Vivimos en un mundo en el que nos vemos envueltos entre las relaciones del nuestro Yo interno y todo lo que nos rodea. Uno, cuando nace, se encuentra en blanco en cuanto a cualquier tipo de juicio o prejuicio. Eso quiere decir que cuando somos niños, somos los seres más puros de lo que seremos en el resto de nuestra existencia de forma consciente. En los primeros años de nuestra vida no cuestionamos, “Papá y mamá siempre tienen la razón”

Es a partir de la pubertad y adolescencia cuando nos damos cuenta de todo lo que está establecido en el mundo externo y de qué manera nos afecta a nuestro pensar o inquietud. Entonces es cuando podemos discernir qué cosas son afines a nosotros y cuales no lo son. En este momento de nuestra vida, se tiende a “destruir” todo lo establecido. ¿Quién no se ha saltado las reglas cuando se encontraba en esta época? ¿Quién no ha cuestionado que todas las costumbres e imposiciones de lo que se consideraba moral o no, son en este momento obsoletas?

Este es el periodo de tiempo en que el ser humano empieza a despertar y mirar dentro de él y fuera. Compararse con el externo y sentir y desarrollar a su  propio Ego. Un final de ciclo e inicio de otro nuevo con muchas más variables dentro de nuestra mente. La esencia que nos venia de herencia queda parcialmente vetada por nuestro Ego. ¿Quién no se ha cuestionado que lo que dice papá o mamá esta pasado de moda?  ¿Solo porque lo dicen ellos tiene que ser verdad? Ya no hacemos las cosas que nos dicen que tenemos que hacer sin antes preguntarnos si nos gusta o son afines a nuestro criterio.

Pero eso, tener esta capacidad de cuestionarlo todo en esta etapa de la adolescencia sería un buen inicio para entrar en la edad adulta sin ningún tipo de prejuicio y nos daría una cierta libertad de pensamiento y criterio propio, pero tiene un montón de contradicciones dentro de nuestra mente subconsciente, porque aparte de lo aprendido y de lo que nuestra mente consciente puede percibir del externo, también tiene una carga heredada de ciertos patrones de conducta que nos vienen de ancestros genéticamente hablando.

Ahí se manifiestan ciertas tendencias cómo pueden ser las fobias,  entre muchísimas otras.

No se trata de nada más ni nada menos que un “cortafuegos” que pone nuestro Ego ante una situación que, en nuestro subconsciente, sentimos cómo una señal de alarma ante un peligro.

La función del Ego es la de protegernos de los peligros, desde el más básico o reptiliano, hasta el más sofisticado o elaborado. Está ahí para asegurarnos la supervivencia. Por lo tanto, cuando en nuestro subconsciente existe una tendencia o patrón de conducta, sea heredada o debida a alguna experiencia traumática en nuestra existencia (incluyendo nuestras vidas pasadas) y que aflora al consciente a través de un estímulo externo, surge la fobia, conducta o pensamiento condicionado hacia este estímulo.

Este mecanismo puede aplicarse a todas las facetas de nuestra vida. Ya no solo a las fobias de cualquier índole, también a las maneras de pensar, los gustos, preferencias, sentimientos, criterios etc.

Aquí es cuando la mente y la esencia de la persona se distancian. Todos los prejuicios, los rechazos, los apegos y emociones nacen de nuestro Ego consciente. Todo un puzle de pequeñas piezas que muchas veces queremos encajar y no sabemos cómo.

Yo siempre he pensado que para acercar nuestro Yo a nuestra esencia o Ser interior, primero hay que descomponer este puzle, ir separando poco a poco todas las piezas o capas de cebolla que nos cubren el Ego, para hacerlas conscientes, verlas y luego comprenderlas e integrándolas cómo algo bueno,  (aunque sean malas para nosotros), porque nos han llevado hasta este momento cómo un aprendizaje. Aceptar lo bueno y lo malo de todo este puzle y luego dejarlo ir perdonándonos a nosotros mismos y perdonando al externo para que no haya culpa, ni deuda y ni juicio.

Es entonces cuando empezamos a sanar aquellos patrones y tendencias que no entendíamos y que nos ocasionaban miedo, fobia, o nos perturbaban hasta el punto de no aceptar situaciones, provocándonos incluso problemas físicos. Al haber hecho conscientes estos “objetos” que nos venían de dentro y no podíamos identificar, podemos entender cuál puede ser la forma de actuar para soltarlos de nuestra mente.

Pongo un ejemplo bastante básico pero muy entendible: Un mecánico quiere arreglar un problema en un vehículo el cual presenta unos síntomas muy genéricos, que pueden ser producidos por varias piezas distintas. Si antes no verifica cuál de las piezas, o cuales son  las que están averiadas, puesto que pueden ser más de una, no puede empezar a solucionar el problema. Conoces el fallo del vehículo pero para arreglarlo tienes que conocer de dónde proviene, sino no se soluciona el problema. Tendrá que desmontar todas y cada una de las piezas que pueden dar la avería (descomponer el puzle o quitar las capas de cebolla) para luego ver y cambiar las que están mal (volver a recomponer una vez visto el problema).

Este ejemplo es muy visual, ojalá fuera así de sencillo para encontrar los puntos de origen a nuestras tendencias o patrones. Pero sirve para darnos una idea de que nada es imposible si se emplea tiempo y trabajo personal para llegar a ir descomponiendo nuestro sentir interior.

Para ello hay diferentes técnicas que nos pueden ayudar en nuestro trabajo personal, cómo la meditación, el Reiki, Registros Akashicos, y muchos otros más.

En casos complicados de problemas de cierta relevancia, es recomendable ponerse en manos de profesionales que nos ayuden.

De todas formas a mi entender, la mente solo crea estados ilusorios. Si podemos modificar las conductas y patrones, es porque los puntos de origen, una vez detectados, se pueden diluir. Siguen ahí, porque han existido, han sido reales en algún momento y no pueden ser  destruidos, pero sí que los podemos diluir, soltar i despegarnos de ellos. En definitiva, deshacernos de un estado ilusorio, que es lo que alimentaba nuestro patrón.

Por todo esto que te he explicado, me he dado cuenta del gran trabajo que has hecho hasta poder llegar a vencer el miedo a los lugares concurridos. Esto me dice que has podido, de alguna manera, llegar al punto de origen y disolverlo desarraigándote del mismo. Saber que tú no eres este punto de origen ni te identificas con él. Esto ha producido en ti una gran liberación y, por consecuencia, una sanación a tu fobia.

Ahora voy a otro tema que aprovecho para explicarte y compartir contigo:

Estoy muy contenta de haber tenido noticias tuyas de forma continuada. No obstante, debo decirte que a partir de ahora voy a estar un tiempo sin poder corresponder a tus consultas.

El motivo es muy simple: me encuentro en un proceso iniciático de mi Ser y mi existencia. He dado fin a un ciclo y estoy iniciando otro mucho más evolutivo. Esto me lleva un trabajo interno de autoconocimiento muy constante, apasionante aunque a veces doloroso, pero también muy enriquecedor. Quitarme unas cuantas capas de cebolla, jejeeje.

Debo conciliar todo esto con mi vida privada, mi trabajo y mi familia. Debo poner en práctica en la vida real todo lo aprendido.

Más adelante, si tú quieres, nos vemos, charlamos un ratito y te cuento mis experiencias. Podremos compartir con las tuyas y seguir con nuestras disertaciones, siempre tan enriquecedoras. De ellas he aprendido mucho. Espero que para ti también hayan sido interesantes y evolutivas.

Te envío un beso y un fuerte abrazo con todo mi corazón.

Tu amiga que te ama,
Sàndal

 

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